Sobre el sufrimiento

En el “movimiento animalista” existe una especie de “obsesión” con el sufrimiento que nos hace olvidar la presencia de intereses fundamentales.

El sufrimiento (ya sea por causas físicas o psíquicas, en forma de dolor o de ansiedad) es un mecanismo adaptativo que nos ayuda a proteger nuestros intereses fundamentales.

No es un enemigo, sino una herramienta indispensable para sobrevivir.

Así pues, nuestro objetivo no debe ser la “eliminación del sufrimiento” en los animales. La capacidad de sufrir está ahí por algo y la necesitamos todos.

Entender la “evitación del sufrimiento” como un interés en sí mismo nos lleva a posturas bienestaristas.

Me explico:

Evitar el sufrimiento no es, en sí mismo, un interés básico asociado a un derecho. El interés básico es el mantenimiento de la integridad física, psíquica y moral. Esto incluye que no queremos ser dañados ni física ni psíquicamente de manera innecesaria, respondiendo a intereses ajenos.

Yo no quiero que no me amputen un dedo porque quiero “evitar el sufrimiento”, sino porque quiero mantener la integridad de mi cuerpo. Aunque me amputasen o mutilasen alguna parte del cuerpo sin sufrimiento, seguiría sin querer dicha amputación.

Los animales que viven bajo el dominio del ser humano en centros de explotación no sufren porque tengan algún problema en su sistema nervioso. Su sistema nervioso funciona perfectamente. De hecho, el dolor y la ansiedad que experimentan les están enviando una señal clara: sus intereses fundamentales están siendo violados, su vida está en peligro y deben huir.

¿El problema?

Que no les dejamos huír porque los tenemos bajo nuestro dominio: los consideramos nuestra propiedad.

Al no dejarles huir y utilizarlos como medios para nuestros fines, hacemos con ellos lo que nos parece: los encerramos, los obligamos a obedecer nuestras órdenes, los matamos, los mutilamos, etc.

¿Sufren?

Por supuesto que sufren.

Sufren porque estamos violando sus derechos fundamentales y, cuando eso ocurre, el cuerpo les envía señales de alerta desagradables para que tomen las medidas necesarias para alejarse de aquello que viola sus intereses fundamentales.

Cuando alguien mata a un animal con un cuchillo, o de cualquier otra manera, está violando la integridad de su cuerpo. El sufrimiento aparece, motivándole a huir y a evitar dicha violación.

Cuando alguien corta la cola o el pico a un animal, está violando la integridad de su cuerpo. El sufrimiento aparece, motivándole a huir, pero al estar encerrado, no puede hacerlo.

Entonces,

¿Debe ser nuestro objetivo como activistas la “reducción/eliminación del sufrimiento”?

Por supuesto que no. El sufrimiento está ahí con una clara función adaptativa que nos permite sobrevivir y progresar.

Lo que debemos hacer es luchar para eliminar la utilización de los animales como recursos del ser humano, que es lo que les provoca el sufrimiento.

Los animales a los que explotamos no “sufren” porque sí.

Sufren *como consecuencia* directa de la violación de sus derechos fundamentales.

Así pues, nuestro objetivo como activistas no debería ser la “reducción/eliminación del sufrimiento” que experimentan los animales, sino la abolición de su injusta explotación, que es la raíz del problema, y la educación en el respeto de sus derechos fundamentales. 

El veganismo no es una cuestión de “reducción/eliminación del sufrimiento” sino de justícia fundamental.

Aunque los matemos y explotemos intentando que sufran poco, no tenemos ningún derecho a someterlos ni a decidir sobre sus vidas.

Los animales no son propiedad del ser humano.

Cristina Kuypers